Álvaro, el orgullo de ser gitano
Hace mucho tiempo en España hubo una gran discriminación con los gitanos. Una de estas personas era un chico llamado Álvaro, siempre era molestado por sus compañeros y rechazado por sus profesores por ser gitano.
Uno de esos días, unos chicos lo golpearon en el pasillo y nadie hizo nada.
—¿Por qué me molestan? ¡Yo no he hecho nada malo!
—Porque eres gitano y los gitanos no valen para nada.
—Eso no es cierto, los gitanos podemos ser más inteligentes que ustedes.
—Aunque lo sueñes, no vas a ser nada.
Álvaro se motivó y decidió estudiar y ser médico y mejorar para demostrar que los gitanos también pueden llegar a ser mejores. Álvaro cada día estudiaba cada trozo de cada materia. Hasta que un día llegó un examen y:
—¡Saqué un diez! No me lo puedo creer, por fin.
—¿Cómo es posible que alguien como tú saque una nota tan alta?
—Te lo dije, hay tantos talentos en la etnia gitana como en la tuya. ¿Y tú cuánto sacaste?
—Eh… yo saqué un seis, pero es buena nota, solo sacaste diez de milagro.
—No, porque tú no te dedicaste un rato para estudiar, ¿o sí?
—No, porque tengo muchas cosas que hacer y se me olvidaron las libretas aquí.
—¡Qué raro! Todas se te olvidaron.
—Sí, todas se me olvidaron aquí.
Un día hubo una competición. Álvaro había estudiado mucho para esta competición, y su rival era el que siempre le molestaba, que se llamaba Daniel.
La competencia era de matemáticas. Daniel no era muy bueno en matemáticas…
…porque no estudió; pero Álvaro se lo sabía perfecto porque pasó cada día haciendo cálculos. Y cuando llegó el día de la competición pasó esto:
—Cuando sepan la respuesta pulsen el botón rojo.
—¿Cuál es la raíz cuadrada de 81?
D: 8
—Incorrecta.
A: 9
—Correcta.
—¿Cuánto es 50 entre 2?
D: 30
—Incorrecta.
A: 25
—Correcta.
Así pasaron toda la competencia y ganó Álvaro. Los maestros y alumnos se quedaron asombrados de que un gitano ganara la competencia.
Los maestros y los alumnos se dieron cuenta que no hace falta que seas blanco para ser inteligente y todos empezaron a respetarse mutuamente.
Daniel y Álvaro hicieron las paces y se volvieron amigos. Nadie se molestaba ni insultaba, y Álvaro dijo:
—Me siento orgulloso de ser gitano. Creo que de parte de Dios ha sido un regalo.
El talento y la inteligencia no tienen etnia. Con esfuerzo y valentía, puedes cambiar prejuicios y convertir el rechazo en respeto.
Autor: Anonimo.

