La princesa, la rana y el valor de ser diferente
Había una vez un castillo repleto de princesas, pero sin ningún príncipe.
Todas las princesas vestían de rosa con corona dorada. Un día bajaron todas al estanque y allí había muchas ranas, una por cada princesa.
Las princesas besaron a las ranas y una a una se fueron convirtiendo en príncipes, hasta que le tocó el turno a la última princesa, a la que la rana le dijo:
Yo soy diferente y me siento orgulloso de ello, no quiero cambiar mi vida. Por lo que la princesa supo respetar sus diferencias y dejó que la rana continuara siendo una rana feliz en su estanque.
Respetar a quienes eligen un camino distinto nos enseña que la verdadera felicidad está en aceptar y valorar las diferencias
Relato original sobre la diversidad y el respeto. Autor desconocido..

