El retrato de Zenón
Al zorro Zenón siempre se le habrá dado bien la pintura. Un día decidió que quería hacer un retrato para enseñárselo a todos sus amigos. Utilizó pinceles, brochas, una paleta con muchos colores y un lienzo en blanco. Se puso manos a la obra.
Zenón empezó a dibujar su contorno, asegurándose de captar cada detalle: su elegante pelaje rojo, sus ojos verdes y sus patas blancas. Mientras pintaba, los animales del bosque pasaban y admiraban su trabajo:
—¡Cómo te esfuerzas, Zenón! —comentó el oso, mientras se acercaba.
—Gracias. Estoy tratando de reflejar cómo soy a través de este retrato, —respondió Zenón, sin parar de pintar.
Después de mucho trabajo, Zenón terminó su obra. El retrato era un fiel reflejo de su carácter alegre. Sonriendo, colgó la pintura en un árbol del bosque. Cuando sus amigos lo vieron, todos decían asombrados:
—¡Qué gran trabajo! Es tu vivo retrato.
Zenón se sintió orgulloso. Su retrato era muy bonito, pero sobre todo recordaba a todos la importancia de ser uno mismo y expresarse a través del arte.
Ser uno mismo y expresarse a través del arte es el mejor retrato que podemos dejar al mundo.
Adaptación original. Autor desconocido.

