La escuela de los animales

Un día, los animales del bosque decidieron abrir una escuela. Se reunieron para elegir las disciplinas que se impartirían durante el curso. El pájaro insistió en que debía haber clases de vuelo; el pez, que la natación fuera parte del currículo; la ardilla creía que aprender a trepar árboles era fundamental; y el conejo quería que las carreras estuvieran incluidas en el programa.

Todas las sugerencias fueron aprobadas y se decidió que todos los animales debían practicar todas las disciplinas. Al día siguiente, comenzaron las clases. El conejo se lució en la carrera, nadie corría tan rápido como él. Pero cuando tuvo que aprender a volar, lo subieron a una rama y le dijeron que saltara: el golpe fue tan grande que se lastimó y ya no pudo correr como antes.

El pájaro, que volaba como nadie, fue obligado a excavar como un topo. Por el esfuerzo, se lastimó el pico y las alas, y no pudo volar durante días. Lo mismo ocurrió con el pez, la ardilla y otros animales: al intentar hacer lo que no era propio de ellos, terminaron heridos o frustrados.

Al final, la escuela tuvo que cerrar sus puertas. Todos comprendieron que cada uno tiene sus propias virtudes y también sus debilidades. No podemos obligar a los demás a ser, pensar o hacer lo mismo que nosotros. Lo importante es respetar las capacidades y limitaciones de cada uno.

Debemos respetar las opiniones, habilidades y limitaciones de los demás, aunque sean diferentes a las nuestras.

Adaptación de la fábula de George H. Reavis..